El cerebro también respira

El artículo se ha escrito al alimón entre Nazareth Castellanos y Fernando Diaz.

La ciencia ha demostrado que para respirar tomamos aire y después lo liberamos. Con este sarcasmo resumía un neurocientífico los recientes descubrimientos sobre la influencia de la respiración en el cerebro debatidos en el último encuentro académico sobre el papel del cuerpo en nuestra conducta. Su sarcasmo era una llamada a aprender del conocimiento del Yoga. Para la tradición yóguica la respiración es el principio de la percepción y la escucha interna, capaz de llevarnos a un estado de conciencia y de atención determinado. Cuando perdemos el control consciente de la respiración, y se guía por el sistema nervioso autónomo, va a la deriva. ¿No es acaso eso lo que hace la mente cuando despistamos la atención? Hace miles de años ya se nos avisaba que mientras la respiración sea irregular la mente estará inestable, pero que cuando se aquiete, la mente también lo hará.

Recientemente, diversos descubrimientos en el campo de la neurociencia están dando la razón a lo que la tradición oriental (y occidental) nos decían: la respiración tiene el poder de alterar nuestros estados mentales y éstos nuestra respiración.

En el año 2017 la prestigiosa revista Science publicó un estudio liderado por la universidad de Stanford que mostraba la existencia de una zona capaz de transmitirle al resto del cerebro como estamos respirando. Dicha zona, llamada complejo preBötzinger, es una suerte de chivato que proyecta la información de nuestro patrón respiratorio a zonas cerebrales involucradas en la memoria, la atención, y la reacción a las emociones. Los investigadores consiguieron estimular eléctricamente el complejo, produciendo alteraciones en el comportamiento cognitivo y emocional. Se había localizado la neuroanatomía de la respiración. Con este celebre estudio se sellaba una deuda con el pasado, y quedaba demostrado (científicamente) que la respiración es una llave a la mente. Curiosamente la respiración es nuestra puerta de entrada al sistema nervioso autónomo y es, por ello, un proceso privilegiado para acceder al sistema nervioso central.

Aunque la literatura es todavía breve, el reconocimiento de la neurociencia de la influencia del resto de los órganos sobre el cerebro no ha hecho más que abrir la puerta a nuevos estudios. Destacan aquellos que nos proporcionan pistas para aprender a moldear nuestra mente a través de la respiración. Por ejemplo, la universidad de Berckley observó en el año 2016 que ciertos patrones de respiración provocan en las neuronas una respuesta rápida y fluida, propia de procesamientos cognitivos de alta complejidad. Esto supone que el control sobre la respiración puede favorecer los procesos de percepción, atención, memoria y hasta la plasticidad neuronal, clave en procesos de daño cerebral o de aprendizaje. Otro de los estudios más destacados, realizados por la universidad de Chicago en el año 2017, mostraba que la respiración nasal tiene la capacidad de cambiar la dinámica de las áreas del cerebro más involucradas en la gestión de las emociones como la amígdala y el hipocampo. La respiración nasal, no la bucal. Este aporte resuena con la máxima yóguica de “En la calma de la respiración, está la calma de la mente. En la calma de la mente está la calma de la respiración”.

Aprender a trabajar la respiración tiene multiples beneficios para la salud y la mente. Si tomamos como referencia los Pranayamas de la práctica de Yoga, obtenemos un rico abanico de posibilidades para trabajar sobre el ritmo respiratorio y la atención, acompañados de diferentes Asanas, o posturas psicoemocionales que preparan el cuerpo para sentarse en posición de Loto y meditar. Las prácticas de pranayamas mas energizantes son, por ejemplo, Bhastrika, Kapalabhati. Las que proporcionan mayor equilibrio son Nadi Shodan y Brahmari, y aquella que regula nuestra capacidad de concentración es Sama vritti. Como en todo, los beneficios que estos ejercicios suponen para la salud, requiere una práctica determinada y constante.

La actual situación de confinamiento es un escenario donde se expresan diversos estados mentales que van desde la ansiedad a la introspección. La unión de la neurociencia y la tradición yóguica pueden proporcionar valiosas herramientas, y hoy te ofrecemos una, el Nadhi Sodhana pranayama:

  1. Elige un espacio donde estés cómoda o cómodo. Puede ser una silla, el suelo, sentarte sobre unos cojines o el sofá e incluso tumbado en la cama. Baja suavemente la barbilla hacia el pecho e inhala profundamente, abriendo el pecho. Coloca la espalda recta pero relaja la postura.
  2. Escoge una intención antes de empezar cualquier trabajo en Yoga. ¿Cuál es tu intención con esta respiración? ¿Qué objetivo tienes en mente? ¿Quieres relajarte? ¿Calmar la mente? ¿Quieres aprender a estar concentrado? ¿A estar más presente?
  3. El dedo anular y el dedo meñique de la mano derecha, tapan la fosa nasal izquierda y el pulgar tapa la fosa nasal derecha. Los dedos corazón e índice descansan en el entrecejo. Suelta el aire solo por la fosa izquierda y seguidamente inspira por el mismo lado, ahora el aire lo sueltas por el lado derecho y lo coges por el lado derecho también.
  4. Poco a poco ve alargando las inhalaciones y exhalaciones hasta llegar a unos 4 segundos por inspiración y 6 u 8 segundos por espiración. Puedes empezar realizando 3 series de 10 respiraciones. Posteriormente tras varios días de práctica, puedes incluir la retención del aire en inspiración y espiración.
  5. Cualquier momento del día es bueno para realizar Nadhi Sodhana pero se recomienda las mañanas por ser un momento de actividad neurológica más apropiado.
  6. Asegúrate que tu práctica está supervisada por un experto y asesórate por un profesional.
  7. Disfruta y practica todos los días. Cuanto más presente estés, mejores resultados obtendrás. Cuanto más practiques, más profundizarás sobre ti mismo/a.

Practica, se libre y feliz.

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